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Guía rápida

Torre Televisión

Cuando llega por primera vez a Berlín el visitante descubre una ciudad nueva, activa, limpia, eficiente. Tras la segunda Guerra Mundial la ciudad, cual Ave Fénix, resurgió de sus cenizas, pero fue un trabajo que se llevó a cabo de forma diferente en una ciudad rota por un muro. No ha sido hasta después de su caída que Berlín ha resurgido con todo su esplendor. La reunificación supuso un nuevo impulso para los berlineses que afrontaron con ganas el reto que suponía volver a ser una. El trabajo salta a la vista, la ciudad funciona, pero además, bajo ese esfuerzo, ha surgido también un Berlín vanguardista, creativo, bohemio, abierto, liberal. Una ciudad que simboliza para muchos la libertad sexual y artística, una ciudad para conocer los mejores clubes de Europa. Berlín es en muchos aspectos un crisol de culturas perfectamente armonizadas.

Con todo, las señales de una ciudad tantos años dividida, siguen presentes y este es otro de sus grandes encantos. Las zonas Este y Oeste sigue estando diferenciadas y cada uno de sus barrios proyecta una personalidad que no deja de ser percibida por los turistas. Frente a una zona occidental más opulenta y con mejores servicios se encuentra una parte comunista que ha pisado el acelerador y cada vez tiene menos que envidiar a su antigua vecina. Esta zona es además el lugar donde funciona el motor más joven y dinámico de la ciudad.

Los barrios hablan por si mismos. En el centro está Mitte donde residen los mayores atractivos de la ciudad, la Puerta de Brandenburgo, la Torre de la Televisión, la Isla de los Museos o el monumento del Holocausto, además de los principales hoteles, restaurantes y zonas de compras. Al norte está el barrio residencial de PrenzlauerBerg, ideal para pasear y salir de copas en locales a la última. Al norte de Mitte encontramos el variado Kreuzberg, con una zona oriental más conflictiva pero con un gran ambiente nocturno junto al río Spree. La zona occidental del barrio es más tranquila y bohemia. Cruzando el Spree se ubica el barrio estudiantil de Friedrichshain, donde el pasado socialista de la ciudad convive con el espíritu juvenil de sus residentes. La zona de Tiergarten, al oeste de Mitte, conforma un barrio propio en el que tienen cabida espacios de la reunificación como la PostdamerPlatz o la Estación Central. Por último tendríamos la zona residencial de Charlottenburg, antiguo corazón de la ciudad, lujoso y tranquilo. Muy similar sería la zona de Schöneberg, con un ambiente burgués y relajado.

El visitante puede disfrutar de todo ello sin aglomeraciones y de forma segura. El tráfico no es un problema en una ciudad con un sistema de transporte público envidiable y donde además la bicicleta es uno de los medios más utilizados.El modo más eficaz de viajar es el metro llamado U-Bahn, también está el metro ligero o S-Bahn, los autobuses, muchos de ellos de dos plantas, y el tranvía, aunque solo en la zona este.

Es fácil encontrar alojamiento en Berlín  y comida de calidad, y a precios muy asequibles, los euros cunden mucho en esta ciudad.La estancia en un hotel de tres estrellas con tres comidas diarias no supera los 180 euros y para los menos exigentes es fácil encontrar alojamiento y comida por menos de 50 euros. Pese a que no es un paraíso gastronómico la ciudad tiene propuestas cada vez más interesantes aunque el turista suele recurrir a las salchichas o los kebabs, también son muy abundantes los restaurantes italianos, turcos y orientales, con buena comida y buenos precios.

La vida artística, cultural y lúdico-festiva es tan amplia que faltará tiempo para verlo todo. Además de sus museos, para los que se pueden adquirir tarjetas de descuento especiales, hay cientos de lugares que conocer, retazos de historia. Sin olvidar la gran vida nocturna, no en vano Berlín es la capital de los clubes alemanes, y cuna del techno.

En definitiva, un destino perfecto para disfrutar de todos sus atractivos, pero también para aprender de una ciudad que ha sabido pasar de la destrucción a la construcción de una forma ejemplar.